Investigadores se preguntan cómo retuitean las aves

2020.03.13
Investigadores se preguntan cómo ...
Trepador euroasiático. Fotografía de: C.Kokosz
Todas las redes sociales tienen fake news y en las redes de comunicación animal incluso las aves distinguen la honradez de sus vecinos, o al menos eso sugiere un estudio de la Universidad de Montana.
El estudio, que ha sido publicado recientemente en la revista científica Nature, culmina las décadas de investigación de los estudiantes Nora Calson y Chris Templeton que, junto al profesor Erik Greene aporta algo de luz sobre las redes sociales de las aves. “Esta es la primera vez que se consigue demostrar que los sítidos, aves conocidas comúnmente como trepadores, tienen en cuenta su fuente de información ya que influirá en la señal que producirán y transmitirán.” explica Erik Greene.
Estos tres investigadores compartían el interés por descifrar la piedra Rosetta de la comunicación entre aves y, para conseguirlo, recopilaron cantos de aves durante años. Cada especie de ave tiene una canción que es cantada habitualmente por los machos, así “es como le dicen a las chicas ‘Aquí estoy’” relata Erik Green, a la par que vigilan su territorio. Los cantos más complejos y fuertes normalmente tienen lugar durante la época de cría.
Pero, cuando se trata de voces de alarma, cada sonido que emiten se refiere a una amenaza en concreto como ‘serpiente en el suelo’, ‘halcón volando’ o ‘halcón posado’. Los reclamos expresan también el nivel de peligro y son escuchados por todas las especies que habitan en el bosque y forman parte de su densa red de comunicación. “Todo el mundo escucha lo que dicen los demás en el bosque.” comenta Erik Green.
Los investigadores quisieron determinar cómo los carboneros cabecinegros y los trepadores canadienses encriptaban la información de sus reclamos. En el lenguaje de las aves un silvido agudo de un carbonero indica que hay un halcón volando y provoca una fuerte reacción: el resto de aves se callan, miran hacia arriba y luego se sumergen en el interior de los arbustos. Estas voces de alarma viajan rápidamente entre la foresta; Erik Green, en estudios previos, consiguió medir la velocidad de propagación de la voz de alarma en 100 millas por hora, velocidad de propagación semejante a la de la bocina de una barco. De hecho “a veces las aves saben que hay un halcón acechando cinco minutos antes de que éste llegue a donde están.” apunta Erik Greene.
Una voz de alarma severa e intensa se transforma en una “llamada al acoso” la cual incita a las aves de todas las especies a formar un bando que amence y acose al predador. Cuando el predador en cuestión oye este reclamo suele alejarse a buscar otras zonas de caza más lejanas, por lo que es un reclamo muy efectivo. “‘¡Oh, no!’ pensaría el búho apostado en su rama.” cuenta Erik Greene, a quien le gusta llamar a estos mensajes “el tuiteo original”.
Para el estudio con carboneros y trepadores los investigadores compararon la información directa (aquella que las aves veían u oían de primera mano) con aquella indirecta, la cual era recopilada a través de la red social de las aves y podren la que podía haber  falsas alarmas. “De alguna manera tiene que ver con las fake news, la información llega desde una red social y es retuiteada o compartida sin verificarse previamente; así es como comienzan los bulos.” opina Erik Greene. Ambas especies comparten predadores: el búho americano y el mochuelo. Éste último supone una amenaza mayor para las aves más pequeñas ya que, por su menor tamaño, su radio de giro es menor y esto le permite perseguir mejor a su presa; como Erik Greene apunta “merece la pena el esfuerzo para intentar comerse a una presa que es prácticamente tan grande como tú.”
Los investigadores utilizaron altavoces para reproducir en el bosque las voces de alarma de los carboneros avisando a los trepadores del leve peligro que representa un búho americano y avisando del gran peligro que supone la presencia de un mochuelo. Las voces de alarma empleadas contenían información sobre el nivel de peligro de la amenaza y si la observación de ésta había sido directa o bien si era un mensaje retrasmitido. Lo que descubrieron fue sorprendente. La información directa hacía que los trepadores informaran de la peligrosidad de la amenaza mientras que si esta información procedía de los carboneros, los trepadores no informaban del nivel de peligro, sino que empleaban una voz de alarma genérica. Erik Greene sostiene que los trepadores pueden tomar decisiones sofisticadas sobre los estímulos de su entorno ya que escogen no divulgar fake news o bulos que no han confirmado ellos mismos. “Es para quitarse el sombrero,” reconoce Erik Greene “muestran una gran inteligencia con este gesto.”.
La investigación que hizo que Carlson, Templeton y Greene se recorrieran Montana y Washington durante años no estuvo exenta de retos. La mayoría sucedieron durante el invierno, en el que los trepadores debían estar aislados de los carboneros para así tener la certeza de que las voces de alarma que emitían no eran en respuesta a la observación directa de carboneros enloquecidos. Con frecuencia aparecía un carbonero después de que todo estuviera ya preparado obligando a los investigadores a desmontar el equipo y buscar un nuevo emplazamiento para el estudio. “Es muy difícil encontrar zonas en las que vivan trepadores y que no haya carboneros cerca,” indica Erik Greene “esa fue la parte más difícil: hallar esa condición en la naturaleza.”
El estudio realizado con los trepadores ayuda a los investigadores a entender mejor el funcionamiento de las redes de comunicación animal y cómo las diferentes especies codifican, decodifican y transmiten la información. “En cierta manera deseríamos que la gente se comportara como los trepadores.” concluye Erik Greene.
Fuente: University of Montana. Autora: Courtney Brockman.
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